La guitarra en el aula, cercana realidad o inalcanzable utopía

Cristina Sánchez Rivascristina-sanchez-rivas

¿Por qué no se integra la guitarra en la enseñanza musical obligatoria?

La guitarra, apellidada desde el siglo XVI en toda Europa como “Guitarra española”, tiene a nuestro país como principal cómplice y protagonista de su desarrollo.

La historia y evolución de la técnica pasa inevitablemente por nombres como Gaspar Sanz, Francisco Guerau, Fernando Sor, Dionisio Aguado, Francisco Tárrega, Miguel Llobet, Emilio Pujol, Andrés Segovia…

Hablar de “guitarra española” es, incluso, hablar de una marca definida, de una forma determinada de fabricar este instrumento de seis cuerdas, atendiendo a criterios de calidad y construcción artesanal.

Sin embargo, todo este bagaje histórico tan importante, parece ser que no es suficiente como para ser tenida en cuenta a la hora de educar musicalmente a nuestros jóvenes en la escuela. Es triste encontrarnos con que un instrumento tan profundamente asentado en nuestra cultura y que, por sus posibilidades sonoras y armónicas, podría jugar un papel de excepción en la educación musical de nuestros alumnos de enseñanza primaria obligatoria, no se tenga en cuenta.

Cristina Sánchez Rivas aúna en su formación académica la diplomatura en magisterio en la especialidad de educación musical con los estudios superiores de guitarra. Quizás por ello se muestra muy sensible con la posibilidad de integrar la guitarra en la enseñanza musical obligatoria.

Estas son algunas de sus conclusiones sobre este tema que pueden hacernos reflexionar, especialmente en un momento educativo tan importante como el que vivimos actualmente.

Estamos en puertas de una nueva reforma de la ley de educación que comenzará a aplicarse a partir del próximo curso escolar 2007-2008. Son tiempos de transformaciones que afectan y afectarán directamente al futuro de la música y de la guitarra. Es un buen momento para la reflexión y el análisis de épocas anteriores, de forma que podamos avanzar aprendiendo de estas experiencias y que el futuro cercano lo afrontemos de forma positiva e intentando extraer el máximo potencial de nuestros alumnos.

El perfil del alumno de guitarra actual es el de un niño de entre 8 y 18 años que recibe clases individuales de aproximadamente 1 hora. Estas clases se imparten en escuelas de música o en conservatorios. Muchos de estos alumnos acaban dejándoselo por cuestiones horarias o de incompatibilidad con otros estudios.

Esta realidad que observamos como docentes de las diferentes escuelas de música proviene quizá de una desconexión con el aula que produce un distanciamiento que el alumno percibe de forma acusada. En primer lugar, la estructura de la clase de instrumento es muy diferente a la que se recibe en las aulas. La enseñanza de un instrumento está fuera de la metodología escolar que promueve la integración y la cooperación. Si en el aula de música somos capaces de promover estos dos ejes, la enseñanza de un instrumento será mucho más efectiva y motivadora para el alumno.

Partiendo de esta base, quisiera plantear la experiencia de realizar una adaptación curricular de la enseñanza de la guitarra en el aula escolar, integrando la guitarra como instrumento en el tercer ciclo de la enseñanza obligatoria.

Desde el punto de vista del profesor, la guitarra es un instrumento vehicular de la música que tiene muy buenos resultados dentro del aula. Se puede utilizar con niños de infantil (3-5 años) para cantar canciones y acompañar danzas o ritmos. El recurso de la guitarra permite al profesor estar cerca de los niños tocando (incluso sentado en el suelo), permitiendo de esta forma que los niños se familiaricen con un instrumento armónico desde pequeños.

El salto cualitativo respecto a la utilización del instrumento dentro del aula sería el de contar con la posibilidad de introducir la guitarra como instrumento de aprendizaje.

En primer lugar y como docentes, encontramos una serie de dificultades que pueden “frenar” de alguna manera esta posibilidad pero que superadas, se descubren grandes resultados a nivel musical.

Es necesario que el profesor tenga amplios conocimientos guitarristicos, cosa que sucede en muchos casos. Dada esta circunstancia ¿por qué no se plantea una docencia de la guitarra en el aula?

Las dificultades que existen son básicamente del tipo organizativo y actitudinal. Es decir, necesitamos un gran espacio para que todos los niños estén sentados en círculo, y que el alumnado esté completamente dispuesto a seguir las instrucciones del profesor. El profesor debe confiar plenamente en el grupo. En este sentido, el aprendizaje de la guitarra no tiene por qué ser más difícil que el de la propia flauta dulce, teniendo en cuenta que esta propuesta se hace para niños de 10 y 11 años.

Este aprendizaje se puede combinar además, fácilmente con el de la flauta dulce y el resto de instrumentos Orff que se utilizan normalmente en las instrumentaciones escolares. Así que no es tampoco necesario que todos los alumnos toquen la guitarra.

Querría plantear algunos parámetros metodológicos sobre los que podría iniciarse este proceso de integración de la guitarra en el aula, de forma sencilla, cómoda y educativa para todos

Evidentemente, el nivel inicial del que partiremos será el de la lectura fácil (digitada) y el de acompañamiento con acordes. Con el cifrado sobre las notas en el pentagrama conseguiremos que el alumno conozca la ubicación de las notas en el mástil de la guitarra, al mismo tiempo que le enseñaremos a leerlas en el papel. Poco a poco la necesidad de digitar irá desapareciendo.

Los sonidos que comenzaremos a trabajar serán los que nos lleven posteriormente a los acordes. Así, fácilmente podrán reconocerlos y practicarlos junto a melodías.

Es evidente que el trabajo sobre el instrumento nos llevará también a una mayor comprensión de las estructuras sonoras y de la armonía básica.

Esta base de trabajo será además una buena plataforma en la futura posibilidad de que el alumno, al descubrir el instrumento, pueda continuar su estudio de forma más rigurosa y técnica en un conservatorio.

La guitarra requiere, al igual que la flauta dulce o los instrumentos de percusión, una metodología que introduzca al alumno en el aprendizaje de las destrezas y la técnica básica. Esta metodología no puede, dado el formato grupal de la clase, ser una metodología individualizadora, ha de ser más bien una metodología integradora que promueva el aprendizaje en grupo y el aprendizaje de la técnica, de forma dinámica y muy práctica, en la que todos los alumnos participen.

Partiremos de una serie de objetivos que nos ayudarán a ir progresando poco a poco y que deben ser planteados de forma lógica y adecuada al nivel musical de los niños.

Deberán por tanto partir de la base del reconocimiento del nombre de las notas en el pentagrama y de soltura en la lectura de algunos ritmos. Partiendo de lo “conocido por ellos” hacia lo novedoso, iremos avanzando en la técnica del instrumento.

Sentaremos a los niños en un espacio amplio y en semicírculo de forma que el profesor quede en el centro y todos ellos puedan verlo correctamente.

La progresión metodológica podrá variar en función de los avances y la implicación del alumnado en el aprendizaje, pero la línea general que nos marcará la experiencia es que, al final de varias sesiones, los niños comiencen a disfrutar de la experiencia de tocar en conjunto un instrumento como es la guitarra y sean capaces de acompañar una melodía, tocada con la flauta dulce e instrumentos de percusión.

La guitarra es pues un instrumento de fácil inclusión dentro de los instrumentos de la escuela. Desde estas líneas quiero animar a todos los docentes que trabajan en el aula a que utilicen la guitarra y que la transmitan a sus alumnos como instrumento armónico sin ningún tipo de temor.

Cristina Sánchez Rivas
Artículo publicado en la revista Acordes, julio 2007
Este artículo está sujeto a licencia 2.1 de Creative Commons

Asociación Cultural Trujamán

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